diumenge, 24 de febrer de 2013

Obligada Republicación: ¿Habrá Megalópolis en el Futuro? (I)

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Queridas lectoras o lectores: 

Como consecuencia de la crisis que afecta al blog "ET y esta Crisis", jajajajaja, por si acaso, y por coherencia, es preciso proceder a publicar la primera parte, de una serie de siete, cuyas "episodios" siguientes ya forman parte, desde hace tiempo, de los posts de este blog de la Magia. 



¿Habrá Megalópolis en el Futuro? (I)

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Año 28251 de la Era Cristiana

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De los más de quince mil millones de habitantes del Planeta, aproximadamente una tercera parte vivimos en Ciudad Capital. 

¿Cómo es posible, os preguntaréis, que pueda existir una ciudad así? Pues, en realidad, he de deciros que Ciudad Capital tiene capacidad para albergar a la totalidad de la humanidad, hasta dieciséis mil millones de personas. ¿El secreto? El urbanismo verdaderamente tridimensional. Aunque, si hemos de ser totalmente sinceras, la verdad es que cuando cada año debe o le da por bajar aquí a todo el mundo por las mismas fechas (en las fiestas de la Renovación Democrática o durante las Alegres Vacances, por citar un par de ejemplos clásicos), en esos días, tanto las residentes habituales como no digamos ya las visitantes nos sentimos algo o bastante apretadas, y quienes siempre o casi siempre vivimos aquí hasta cierto punto llegamos a encontrarnos parcialmente extranjeras en nuestra propia ciudad.

La ciudad, ribereña del mayor y más apreciado de los mares interiores de nuestro Planeta, se extiende, en buena parte sobre la franja litoral, entre los 41º 11' y 43º 17' de latitud norte, y entre los 0º 33' y los 3º 13' de longitud este. Sí, utilizamos el mismo meridiano cero y  las mismas unidades de medida que vosotras porque, ¿qué otras íbamos a tomar, si todos los conocimientos básicos de geografía y geometría los adquirimos, a medida que fuimos siendo capaces de interpretarlos, directamente de vuestra civilización, cuando los Tesoros del Saber Antiguo fueron primero hallados y posteriormente muy lentamente descifrados? 

Podríamos, quizá, haber adoptado una escala centesimal o algo así pero, ¿para qué, si, como todas sabemos, la división horaria del tiempo se expresa en unidades tan similares, si no coincidentes, con las que expresan la latitud y la longitud? Porque, claro, igualmente también os hubimos de copiar, y lo hicimos, tal división horaria, puesto que igualmente se había perdido toda razonable sistematización del transcurrir del tiempo durante los casi veintitrés milenios de la terrible Noche de la Humanidad, salvo el sorprendente caso de la semana que, misteriosamente, se conserva inalterada y nunca perdida en todo el Planeta desde los tiempos de vuestra civilización mesopotámica hasta la fecha de hoy. Como referencia, os aclaro que las descubridoras del Saber Antiguo, casi tres milenios y medio atrás, gozaban de un nivel de civilización comparable o similar al de vuestras antiguas egipcias. 

La superficie urbana de esta, sin duda y en todos los sentidos, gran ciudad, es de 22.500 kilómetros cuadrados, y también acapara el uso de dos inmensas zonas logísticas colindantes, situadas respectivamente a su nordeste y a su suroeste (más bien muy oeste), de 2.250 kilómetros cuadrados cada una y que tienen en Ciudad Capital su razón de existir, aunque formalmente no se contabilizan como tal superficie urbana. Así pues, en conjunto estamos hablando de una superficie global del conglomerado urbano de, metro cuadrado arriba o abajo, 27.000 kilómetros cuadrados.

¿Cómo puede ser posible poder tener capacidad de albergar a toda la población del planeta en tan solo esos 27.000 kilómetros cuadrados? Porque, cuando estamos todas, todas y todas, sale una densidad salvaje, por encima del medio millón de personas por kilómetro cuadrado. La respuesta, una vez más, hemos de buscarla en el desarrollo de nuestro espectacular, atrevido y revolucionario urbanismo tridimensional. Revolucionario, porque nunca antes la proporción de superficie terrestre sacrificada para poder dar cobijo a todos y cada uno de los miembros de nuestra especie fue tan poco elevada, salvo quizá en el neolítico, cuando habitábamos en cuevas, pues entonces, por la propia naturaleza del resguardo elegido, en principio ocupábamos en alojamiento cero superficie terrestre por persona.

Nuestros circulares edificios estándar de viviendas suelen tener una altura de unos cien pisos habitables, aunque solamente la octava parte como máximo de la superficie total del término de Ciudad Capital está ocupado por estas edificaciones, que ordinariamente se asientan sobre solares cuadrados estándar de una hectárea y media de superficie con una héctarea de edificación real, computándose sin embargo como edificado, para la descrita proporción de edificabilidad, todo el solar cuadrado y no solamente la superficie acaparada por el edificio circular en sí.

Cuadrado, sí. Hubo una seria y prolongada discusión al respecto, durante la planificación de esta ciudad, sobre si la unidad base de referencia para desarrollarla había de ser el hexágono o había de ser el cuadrado, pues en lo que no hubo discusión era en que había de ser una figura geométrica o modular perfectamente inter encajable en toda circunstancia y lugar, y que el triángulo no nos valía. La conclusión fue que, pese a la indudable superior belleza estética del dibujo en hexágono que a su vez permitía una mayor variedad en la posibilidad de los engarces, lo que había de primar ante todo era la simplicidad máxima, ya que solamente se estaba hablando de la base de asentamiento, asumiéndose el compromiso de, como compensación a la elección del cuadrado, priorizar la belleza más creativa en la elaboración del resto de formas del exterior o interior, de ahí que lo habitual fuera construir los edificios sobre todo redondos, pero también algunos hexagonales o incluso de más fachadas. 

Todo esto permite que cada edificio, por al menos seis o siete de sus ocho costados, linde con un terreno, de similar extensión a la que ocupa él, en el que seguro que no hay edificado monstruo alguno de sus características, sino que lo habitual suele ser hallar en ellos bosque, parques o jardines, aunque algunas de estas áreas si que están a veces ocupadas por equipamientos deportivos o de usos sociales, edificaciones que, no obstante, siempre son de mucha menor altura. Los ocho costados, sí, pues se está haciendo referencia al descrito cuadrado básico sobre el que se asientan las edificaciones, pongan una pieza en el centro de un tablero de damas y ya verán como la casilla que tal pieza ocupa linda, aunque sea en un solo punto, con otras ocho y no con cuatro. Bien, en puridad, estaríamos hablando de cuatro lados y cuatro vértices, claro, pero para mejor hacernos a la idea de lo que pretendo dimensionalmente describir, es preferible que, aunque en sí inexacto, pensemos en términos de "costados", porque lo que está o no edificado es una buena parte del correspondiente cuadrado de turno, y no solamente un punto geométrico del mismo. 

Sigan con el tablero de damas, y pongan por ejemplo otras dos fichas, una abajo a la izquierda y la otra arriba a la derecha, o bien una abajo a la derecha y otra arriba a la izquierda, siempre en las casillas colindantes a la de la pieza inicial, que no habremos movido del centro. 

Pues bien, ésta es la agrupación de viviendas más habitual de nuestro tan imponente como incomparablemente bello paisaje urbano, y una parte de la popularidad de estos conjuntos así de viviendas se debe a que, de este modo, el conjunto de los tres rascacielos puede estar íntegramente rodeado por una ininterrumpida serie de territorio (cuadrados básicos) no edificado, al ser tres fichas (rascacielos) hemos construido lo permitido para veinticuatro casillas o cuadrados básicos, y para incluirlas y rodearlas de un cinturón verde basta con menos de esas casillas, diecinueve en concreto, tres para las edificadas, y dieciséis para rodearlas de ese cinturón. 

Sí, la figura global resultante no es un cuadrado o rectángulo, y el rascacielos central sí que tiene la peculiaridad de que solamente por seis y no siete de sus ocho costados no linda con otra edificación como ella. Pero el conjunto es tan bonito, y la presión popular ---[ vete a saber el por qué, aunque algunas lo atribuyen a la propia cultura e historia en origen propias (y de vuestra época) de la propia ubicación planetaria en la que se halla Ciudad Capital, algo sobre unas gemelas; yo tampoco entendí nada la primera vez que me lo explicaron así, pero está correctamente expresado ]---, la presión popular, decía, fue tan favorable a estos conjuntos de rascacielos de tres en tres que, al final, y tras el oportuno plebiscito, Urbanismo de Ciudad Capital admitió esta excepción a la regla general de no lindar, por siete de los ocho costados, con monstruo viviendal similar alguno. 

Personalmente, también me siento rendido ante la esbelta estética de estos conjuntos urbanísticos de edificaciones de tres en tres, en uno de los cuales habito actualmente, y esta algo mayor compactación urbana nos permite, a cambio, no haber de cometer la barbaridad de edificar en zonas montañosas ni en colinas destacadas, que haberlas las hay en el territorio de Ciudad Capital, aunque la imponente sierra que separa esta península del resto del continente, por mera prudencia, ya fue dejada fuera, siendo el límite norte del término municipal.

En determinados puntos de la geografía de esta ciudad sin igual se alzan algunos rascacielos sobre unas mayores superficies y también considerablemente más altos. Sin embargo, y pese al ingenioso sistema de sub-bloques de catorce plantas en que se dividen todas estas nuestras edificaciones modernas (bloques totalmente autónomos y básicamente autosuficientes a nivel del usuario o la usuaria individualizadas, con sus calles y todo, como se detallará), la realidad ha demostrado que si bien la mayor superficie no representa problema alguno en sí, cuando los edificios rebasan con mucho la cifra de las cien plantas habitables equivalentes pasan a ser menos prácticos y útiles, y conllevan crecientes problemas de gestión y de mantenimiento, cada vez más complicados y lentos de solventar. En total, estos edificios singulares son apenas unos pocos centenares, frente a las decenas y más decenas de millares de rascacielos más o menos estándar.

Pero donde realmente ha alcanzado nuestra arquitectura su máxima expresión de tridimensionalidad ha sido en el subsuelo de la ciudad, algo realmente alucinante, una cúpula continuada de entre cien y trescientos metros de altura, en la que los edificios hasta ahora descritos se hunden otras cien plantas de medida humana hacia abajo, que es donde todas esas moles tienen sus verdaderos cimientos, por lo que los edificios o equipamientos que en superficie tienen poca altura relativa aquí tienen los mismos cien pisos de escala humana que todas las demás edificaciones, siendo plazas o adicionales equipamientos el resto de la superficie urbana subterránea, todo ello atravesado por las correspondientes e igualmente tridimensionales vías de comunicación, que, con airoso continente, cruzan la cúpula a cualquier altura imaginable y posible y, por supuesto, aquí y allá están los inconmensurables y descomunales arcos y columnas que sustentan lo que habitualmente denominamos como superficie externa y sólo presuntamente real de Ciudad Capital. 

Una aproximación a esta espectacular realidad de ahí abajo sería la idea diseñada en vuestros cómics de ciudades mega espaciales, solo que a nivel subterráneo. También conviene aclarar aquí que, como es lógico, el suelo de la ciudad subterránea reproduce bastante fielmente la orografía general de la superficie, o viceversa, según se quiera, porque si no, el estándar de las cien plantas hacia abajo de los edificios habría entrado en serias dificultades.

Aunque se nos puede considerar, y se nos considera, unas privilegiadas a quienes tenemos nuestro curro a nivel de superficie o superior, la verdad es que tampoco es para tanto eso de tener el trabajo, como le pasa a la mayoría de la población laboral, en la parte subterránea de nuestra ciudad, que también concentra buena parte del comercio. No es tanto agobio, no estamos hablando precisamente de un estrecho, siniestro y mal iluminado cuchitril, sino de todo un espacio de 22.500 kilómetros cuadrados de extensión y con una cúpula luminosa situada, repito, a entre cien y trescientos metros de altura. 

No debería de citarme como ejemplo, porque me diréis que bien que huí de allí, pero yo mismo trabajé en ella en diversas faenas antes de encontrar esto de los chicos, y personalmente me encontraba allí sensacionalmente bien, igual que en la superficie, los edificios tienen también ventanas en su parte subterránea, y ese paisaje de ciudad mega espacial que desde ellas se ve está de puta madre, aunque por supuesto jamás logrará alcanzar la sublime belleza natural de un despejado cielo azul o pincelado de bonitas nubes blancas o amarillas, por no hablar de los amaneceres y atardeceres, que siguen siendo la hostia de polícromos por estas latitudes, como siempre lo fueron. Conscientes de ello, lo habitual suele ser proyectar sobre la cúpula, que genera por reflejo su luminosidad, una imagen del cielo real captada directamente justo desde el correspondiente punto en vertical de la superficie, o de algo más arriba, con lo que la ciudad subterránea, como la de la superficie, también goza del confortable encanto de la alternancia noche día. 

A veces, por enredar, como en los momentos actuales, se desfasan estas noches y estos días en función de que se esté en la ciudad de la superficie o en la subterránea, y ahora mismo el cielo de esta última ve alborar el nuevo día cuatro horas antes que la superficial, lo que da lugar a situaciones bastante sorprendentes, y ayuda un montón a relativizar todo lo relacionado precisamente con el concepto "tiempo". Bien, en realidad tal cielo lo que lleva son veinte horas de retraso, claro, porque es el del día real anterior, pero como el control de cuándo comienza un nuevo día le corresponde por turno determinarlo en la actualidad a la ciudad inferior, y como también está permitido adelantar (como máximo, eso sí) una fecha, nos tienen ahora mismo aherrojadas con su imposición, y tal vez ya vaya siendo hora, pues cuatro horas comienza a ser bastante desfase, de poner fin por esta vez al juego, restableciendo en ambos dominios los parámetros reales, antes de que este en ocasiones algo arriesgado actuar algún día se nos termine escapando de las manos.

Pero divertido es, incluida esa relativa inquietud que tal desfase puede generar, sales a la superficie (a estos efectos, entrar en nuestros edificios de viviendas, o en ellas, se considera pasar a la superficie), sales a la superficie, decía, y es flipante, porque a lo mejor te encuentras con que es noche cerrada cuando en la subterránea había, en el momento en que la abandonaste, una magnífica y "soleada" mañana. Resulta impactante y, por qué no, hasta divertido, y es, en cierto sentido, como si haciendo uso del teletransporte nos hubiéramos ido a una ciudad cuatro horas al oeste o al este. 

Qué le vamos a hacer si, en nuestro gentil infantilismo (que tan satisfactorio nos resulta y hoy en día es tan ardorosamente defendido y reivindicado tanto por grandes como por chicas), consideramos simplemente geniales cosas como la recién relatada de ese desfase y tal, y a todas nos encanta vivir en la Ciudad del Simultáneo Doble Horario, aunque también agradecemos los obligatorios períodos de no menos de quince días en los que rigen los parámetros temporales reales en sus dos "Reynos", acaeciendo ello al menos una vez por trimestre, que es la duración máxima que en todo caso puede tener cada "partida" de este singular juego... 


Y bueno, pues todo esto, como quizá ya sabréis, continúa aquí

saludos cordiales. 
ET & forrets gump. 
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dijous, 21 de febrer de 2013

Las Tres Leyes de la BioHumánica (III)







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Queridos lectores y lectoras: 

Pues eso, tercera y última parte, año 28.251, genérico gramatical femenino... 


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Al haberse fijado socialmente como objetivo prioritario a alcanzar el estabilizar la población en vez del histórico "multiplicarse", la perentoria necesidad de un sustancial cambio de la organización social más básica condujo a que la nueva forma que se impuso, sorprendentemente quizá para muchas, pero con toda la lógica del mundo, fue el matriarcado, que recuperó así su papel protagonista y preponderante a lo largo del devenir humano. 

Pero este nuevo y presuntamente último reinado suyo fue relativamente efímero, pues enseguida se llegó a un nivel superior de sociedad en el que, mandar, mandar, aquí no manda nadie, salvo eventualmente las adultas sobre las niñas, y a excepción hecha, claro está, del especificado terreno erótico emocional, el único en el que de verdad, y afortunadamente para todas, quienes mandan son nuestras pequeñas. 

No obstante tan elevado nivel de acracia, todas sabemos que nuestro actual sistema social real está impregnado de multitud de matices, matrices y normas de comportamiento directamente radicadas en el matriarcado natural, como no cabía por menos de esperar, insisto, dado que tal fue el sistema imperante durante las decenas y más decenas de miles de años anteriores precedentes a los nefastos períodos de patriarcado. 

¿Cuál es, entonces, el cambio más sustancial de la sociedad actual respecto al matriarcado "clásico"? Pues, básicamente, radica en la faceta de que hoy sus reglas ya no son imposiciones, sino normas comprendidas y libremente aceptadas por los miembros de la, hoy en día sí, especie humana Planetaria. Por eso, simplemente, hablamos de "Matricentralidad". 

Pero en el transcurso de ese su último breve reinado, el matriarcado nos dejó en herencia, entre otras cosas, una raza humana súper guapa e inteligente porque, habiéndose roto la absurda rigidez de la monogamia, y mandando ellas, pudieron por fin, en auténtica libertad, elegir y determinar quién coño querían que fuera de verdad el padre biológico o genético de sus hijas. 

Aunque, en la práctica, ello supuso que menos del dos por ciento de la población masculina fuera la "progenitora" de más del setenta y cinco por ciento de las siguientes generaciones, ello no implicó, de verdad, una a priori presumible peligrosa pérdida de variedad genética, puesto que ese dos por ciento significaba más de cien millones de individuos diferentes, o sea, variantes, es decir, muchas más que el total de humanas que, en un momento dado, simultáneamente existían sobre la Tierra a lo largo de la inmensa mayor parte de esos tres millones de años de la historia de la Humanidad. 

Además, quedaba y quedó ese veinticinco por ciento restante, centenares y más centenares de millones de individuos diferentes. Y, siempre que se pudo, se buscaron posibilidades alternativas, como lo de que una mujer, buena pero de no muchas luces, chata y tirando a rechoncheta procurara escoger para padre de su tal vez única futura criatura a algún tío larguirucho y narigudo, pero inteligente y, eso sí, igualmente buena persona. Como quiera que fuera en detalle, el hecho es que tuvieron lugar muchos otros cruces que permitieron que ese otro porcentaje significativo de varones transmitieran también su acervo genético.

¡Ah!, y por supuesto, la tasa de reproducción de las violentas se vio drásticamente reducida, porque el matriarcado (que si se escribe sin mayúscula es solamente porque no nos gusta forma alguna de dominación humana impuesta), en su sabia legislación, prohibió tener tal descendencia a todas aquellas que, siendo ya adultas, no como autodefensa habían hecho recurso de la violencia física contra otras personas, por valorar tal característica, la agresividad física, como abiertamente indeseable de hallar en ser humano alguno, género al que en realidad tal vez ni siquiera pertenecieran, puesto que no respetaban la Tercera Ley. 

En cuanto a los violadores, aun cuando presumiblemente tal vez sí que fueran humanos, pues quizá no respetaran la Tercera Ley por conflictos con la Segunda, no corrieron por ello mejor suerte, pues se dio la casualidad de que tampoco gustaban ni gustaron nada al matriarcado tales sujetos, así que, al igual que a las violentas, también se les dejó sin descendencia, en todos los casos por métodos no violentos ni químicos, por supuesto, pero sin descendencia.

Ahora bien, si alguna otra cosa puso básicamente de relieve el matriarcado en ese su último reinado es que, quien tiene toda la información genética necesaria para descifrar el mundo en el que realmente vivimos, es la mujer, y tan sólo la mujer. 

Así es, y veamos brevemente el sencillo por qué. Ellas tienen toda la información porque no les falta el fragmento que está ausente en el cromosoma Y, y por ello, en general, suelen ser más compensadas y bastante menos desatentadas que la versión masculina de la especie, que como consecuencia de carecer de esa información adicional, a veces, al hacer "correr" sus "programas", no tiene tanta conciencia del riesgo, por ello es tan normal que el varón pueda a menudo llegar a inventar artefactos o cachivaches en principio insospechados, sorprendentes o hasta útiles y todo, como normal también es el que a menudo fracase, o que enseguida arme la de dios, o que se accidente. 

En todo caso, hay que quedarse con el hecho de que quienes de serie tienen toda la información bien completa suelen insistir en la conveniencia de dotar siempre de cierto contenido emocional a todas las situaciones o actuaciones. Y se ha de reconocer que, en general, vienen a más bien tener toda la razón. 

Aunque, claro, también todo admite diferentes enfoques, y hay quien sostiene que esa mujer sensata y equilibrada, con lo que le había costado a la tribu cobrar aquella maldita pieza de caza, probablemente jamás habría consentido en que aquel imbécil pusiera en el fuego, contra toda costumbre conocida, un tan mágnífico trozo de carne, con lo que se habría continuado consumiéndola cruda. Así que, afortunadamente para bien de todas, los insensatos varones no siempre somos necesariamente un estorbo o un dolor de cabeza a intentar olvidar o soslayar. 

¿Mi opinión personal? Todo va divinamente con ellas, siguen encontrando divertida nuestra excéntrica imprevisibilidad, y sexualmente la cosa funciona tan super aceptablemente bien que, aunque todo siempre es susceptible de poderse mejorar, en este tema en concreto el superarse comienza a ser bastante difícil.

La caída del patriarcado y su relevo por el matriarcado natural llevó a un escenario en el que la promiscuidad o no resultaba un hecho o tema bastante indiferente e irrelevante, pues aun cuando entre la generalidad de las mujeres no existía ningún sustrato hiperfollador como sí que existe en los varones, tampoco en ellas residía condicionante genético alguno que determinara o las empujara hacia la monogamia o la abstención, pudiendo afirmarse que, de por sí, ni eran, ni son, ni dejan de ser monógamas, y si ni lo son ni lo dejan de ser es porque, en realidad, tampoco lo son. Es tan sencillo como lo de estar o no enamorada, si hay dudas es que no. 


Pues bueno, que no digan que nadie os lo dijo. 

Y, por cierto :-) : ¿seríais tan amables de buscar en vuestro google las imágenes correspondientes a las palabras "matricentralidad" o "biohumánica"? Lo digo porque, desde mi portátil, parece como si, sin proponérmelo, con esos términos y mis propios blogs hubiera abierto tendencias, jajajajaja :-D 


saludos cordiales. 
ET & forrest gump. 
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diumenge, 17 de febrer de 2013

Las Tres Leyes de la BioHumánica (II)

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Queridos lectores o lectoras:  

Bien, pues ya sabéis, veníamos de aquí... 

Texto del futuro, año 28.251, genérico gramatical el femenino.. 


Voy ahora a intentar exponer cómo el camino evolutivo cultural, a lo largo de esos tres millones de años que carga a cuestas la Humanidad, nos ha conducido a dos importantes desfases en función de que seamos varones o mujeres. Habrá reiteraciones, claro, pero es que, por más enojosas que puedan llegar a resultar, tales reiteraciones no dejan de ser una forma como cualquier otra para intentar insertar en vuestra memoria algunos mensajes clave sin que por ello me proponga mirar de manipularos o lavaros el cerebro más allá de lo obvio, imprescindible, je, je, y ahora mismo aquí abiertamente confesado. No, en serio, es solo que desde siempre se sabe que la repetición es, sin duda, una de las más importantes y fiables herramientas de memorización. 

Bien, recuperemos el hilo, y al tanto, que estábamos hablando de la Segunda Ley, no de cualquier cosa. Dos desfases. Por una parte, y frente a unos varones cada vez mejor "programados" para entregarse a follar más y más, el camino evolutivo cultural no parece haber primado especialmente a las mujeres más promiscuas a lo largo de nuestra historia, sino que, antes bien, hasta como quien dice el día de ayer, fueron excomulgatoriamente tildadas sin más de putas, y socialmente siempre se miró de, en la medida de lo posible, hacérselo pagar condenándolas a la marginalidad y al oprobio. 

A las putas en sí (contra quienes, por otra parte y en líneas generales, tampoco tengo nada especialmente negativo que decir), no les fue desde luego mejor, ni merecieron tampoco el trato que recibieron. Pero ahora estábamos refiriéndonos a quienes fueron acusadas de serlo sin serlo, por el simple hecho de su mayor liberalidad en las relaciones erótico afectivo emocionales, justo aquello que difícilmente daban las profesionales del ramo. 

El segundo desfase, y paso a exponerlo, tampoco es que corriera mucha mejor suerte como quien dice hasta hace nada. Mientras que, como la realidad nos demuestra constantemente, los conceptos limpieza real y orden aparente van inextrincablemente unidos a la realidad de la inmensa mayoría de las mujeres, a los varones que, a lo largo de la historia conocida, se interesaron por tal concepto e incluso intentaron ponerlo parcialmente en práctica, se les tachó, sin más, de maricas, mariquitas o maricones, es decir, poco aptos para reproducirse (y también sin que tenga nada especialmente en contra de tales colectivos más o menos gays)

Sería bueno recordar, también, que en su momento dijimos que la mejor forma de ahorrarse conflictos severos es procurar, en lo posible, no poner en contradicción la razón con las primeras leyes de la BioHumánica.

Bien, pues ahí está el hecho irrebatible (siendo absurdo, por tanto, cargar contra ello) de que, si para algo somos aptos y estamos genéticamente super preparados los varones, es ni más ni menos que para poder lograr alcanzar el máximo nivel posible de multigamia o poligamia. 

Por ello (y por más razones, claro), cuando dejada ya muy atrás la larga Noche de la Humanidad, el éxito reproductivo de nuevo pasó a ser, como en vuestros tiempos, más un grave y acuciante problema que no ventaja alguna, se plantearon, esta vez con éxito, nuevos o recuperados esquemas de organización social alternativos a la monogamia exclusivista e institucionalizada, y no tan frontalmente opuestos como ésta a lo que es y significa la segunda ley de la BioHumánica para los varones. 

¿A alguien se le ocurriría nunca imponer a la totalidad de las mujeres un modelo social que desde pequeñitas implicara el constante reproche de que eso de andar teniendo hijos está muy mal y no se ha de hacer, limpieza nula y prohibida, y no más nacimientos, durante toda la vida, de un hijo por cada cien mujeres, que el resto de la descendencia necesaria en su caso para mantener la especie ya la produciríamos por decantación? 

Pues algo así, ¡vaya si se repite la historia!, fue lo que padecieron los varones bajo los patriarcados, el vuestro y el nuestro, quizá como adecuada recompensa a tal imposición, instauración o reinstauración, que les dio, como siempre y como no podía ser de otra forma, los frutos contrarios a los que pensaban de tan ominosa opresión obtener, aunque tampoco sería conveniente perder demasiado de vista aquí que quien realmente se estaba equivocando era la especie en su conjunto, no solamente los varones, ni todos los varones, y quizá, incluso, ni siquiera principalmente los varones. 

En todo caso, quien, en su conjunto, igualmente salía sin duda gravemente perjudicada, era la especie, y no solamente sus individuos aislados, por lo que no tiene demasiado sentido insistir, más allá de lo oportuno, en ningún reparto de "responsabilidades" en función del sexo fisiológico con el que nació cada cual. 

Pero bien, al margen de aquellos irreductibles varones (a menudo denostados e incomprendidos por todos y todas) que, desde la más absoluta transparencia y sinceridad, siempre observaron una conducta definitivamente bastante apartada de la socialmente impuesta, es sin embargo legítima la atribución de una mayor responsabilidad genérica masculina respecto del tinglado patriarcal y su indefinida continuidad, pues la realidad es que, una vez unilateralmente definidas, desde y por ese dominante sexo, las reglas del juego, resultó de lo más fácil encauzar a la sojuzgada mujer hasta convertirla en la principal y más acérrima defensora de la monogamia. 

Nada más fácil, pues, para ellas, esa defensa a ciegas del tinglado no es ya que resultara clave para poder satisfacer en las mejores condiciones posibles las ineludibles demandas de su Segunda Ley, tener bebés, sino que sencillamente era ya tan solo una cuestión de mera supervivencia física y salud mental, pura y dura Primera Ley, en un mundo de por sí emocionalmente tan restrictivo, y en donde no eran nada ficticios los riesgos que a menudo entrañaba el eventualmente intentar abandonarse a prácticas más abiertas o desinhibidas, pues tampoco es que fueran tan escasos los comportamientos agresivos de los varones ante la perspectiva de que "su" mujer pudiera tener también otras relaciones, o los procedentes de otras mujeres, alarmadas porque aquella maldita zorra quería quitarles a "sus" maridos. 

Así pues, ¿qué otra cosa podrían haber hecho las pobres que defender aquello incondicionalmente, dado que libertad, libertad de verdad para elegir otro modelo tampoco tenían? Vaya, pero si hasta hubo quienes,  durante siglos, les negaron la posibilidad de que, al igual que los machos de la especie, su pecaminoso cuerpo albergara también un alma más o menos inmortal. Bien, eso solamente os pasó a vosotras, es obvio que nuestra refundada civilización no cayó exacta, exactamente, en los mismos errores que la vuestra, y lo de llegar a negarles el alma o hacerlas ir "voluntariamente" tapadas de pies a cabeza, cara incluida, nunca ha sucedido en nuestra actual Era, año 28.251 de vuestro cómputo, os recuerdo una vez más.

Pero claro, ese entorno social totalmente opresor de su verdadera libertad personal a todos los niveles tampoco exculpa por completo, a ese segmento femenino de la humanidad, de la barbaridad de pretender que la monogamía había de ser la luz y guía de todos los comportamientos porque las mujeres, siempre iguales o superiores en el plano emocional, y sin duda más sensibles, también debieron de reflexionar adecuadamente sobre la rotunda y flagrante falsedad de los discursos que denegaban toda posibilidad mental de simultanear más de un enamoramiento. 

Claro, como se hacían su no existente picha un lío con lo del sexo, (básicamente visto hasta entonces, por multitud de ellas, más como un problema que no otra cosa), eran incapaces de diferenciar conceptos, y reflexionar, en exclusiva, sobre lo que significa estar enamorado: poner los intereses de la otra persona por encima de los propios, y vivir por y para ella antes que por una misma. 

Pero era patente la realidad de la perfecta simultaneidad de los enamoramientos, al menos por parte de las mentes mínimamente sanas, porque, dejando el tema de la adecuación de lo erótico a su debida dimensión, ¿qué diferencia más hay entre un enamoramiento pasional por, pongamos, un varón o una mujer adultas, o un enamoramiento igualmente intenso o absorbente, bien, en realidad bastante más, por esas alucinantes sujetos también denominadas bebés, y a quienes quizá, también, siempre quisiéramos tener entre nuestros brazos? ¿Y no se podían y pueden simultanear y compaginar perfectamente tales enamoramientos? Si adorabas al bebé, ¿ya no serías capaz de seguir adorando a la madre o viceversa? ¿No es esa compatibilidad una situación mejor y más feliz para todas, empezando por una misma? 

Sí, los tíos también deberían de haber reflexionado sobre ello, pero es que las mujeres no podrían haber dejado de pensarlo, pues una madre que verdaderamente no esté enamorada de sus hijas al menos mientras éstas son pequeñas o muy pequeñas, nunca debería de haber sido madre. 

Sea como fuere, las mujeres de nuestra época no dan crédito a que en el pasado las cosas fueran así, y afirman que todo ese rollo de la monogamia y demás son inventos de las historiadoras, cuyos escritos o documentales, como siempre ha sucedido, es cierto que no suelen contar o relatar ni una sola verdad sobre lo realmente acaecido en épocas pasadas. 

En todo caso, parece mentira a qué extremos de contradicción llevó el patriarcado, los propios varones propiciando su "auto eunucación" (palabra que, si no existe, debería de existir), mientras que las mujeres, al menos, pudieron seguir siendo limpias y teniendo algunas hijas o hijos no siempre indeseadas. 


...y bueno, la próxima será la última entrega de esta especie de recopilación general sobre el tema. 

saludos cordiales. 
forrest gump. 
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divendres, 15 de febrer de 2013

Las Tres Leyes de la BioHumánica (I)

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Querido lector o lectora: 

Tras este mucho más prolongado espacio temporal concedido (y bien que se lo merecía) a la singularidad temática que ha supuesto el precedente post, "Nuestro voto para quien responda estas preguntas", retomo, ahora ya con intención de recuperar el ritmo habitual de publicación, una de las líneas centrales de reflexión, tanto de este blog como del cuasi extinto "ET y esta Crisis": la necesidad imperiosa de construir un modelo social alternativo en el que, de una vez por todas, imperen la Razón y la Racionalidad. 

E idiota quien diga "será "su" Razón y "su" Racionalidad, pues tal manifestación solo puede hacerla quien no ha comprendido esos dos conceptos ya que, aceptado el sistema de numeración decimal de que nos hemos dotado, yo lo lamento por los y las fantasiosas, pero dos más dos, en ese terreno abstracto, siempre serán cuatro.  

Y sí, texto del futuro, teeexto del futuro; y año 28.251, 28.251, sí; y genérico en femenino. Osea, que yo no lo "conozco" de nada X-D... 


Bien, supongo que ha llegado el momento de que enunciemos, por si alguien aún no las conoce, las Tres Leyes de la BioHumánica que rigen, tanto si nos gusta como si no, nuestros pasos por la vida y nuestra conducta en ella, y que aclararán, o al menos eso espero, el por qué hago las afirmaciones que hago. 

Isaac Asimov, en sus escritos sobre androides y tal, enunció "las Tres Leyes de la Robótica", leyes que no transcribiré explícitamente aquí porque es obligación de cualquier humana no analfabeto, sea de vuestra época o de la nuestra, el haber leído alguno de sus relatos sobre robots. 

Como seguramente él mismo y otras muchas antes ya enunciaron, tales leyes tienen, a su vez, una sencilla transposición y plasmación en las tres principales leyes de lo que se ha venido en llamar la "BioHumánica", y que por orden e importancia, son: 

Primera Ley, la de la propia Supervivencia del individuo, porque si pereciera no haría falta ley adicional alguna. 

Segunda Ley, la de la Reproducción a toda costa, salvo que ello pueda entrar en conflicto con la Primera Ley. 

Tercera ley, la de la No Agresión, por principio, a las restantes miembros de la especie, salvo que ello entre en conflicto con la Primera o Segunda Leyes. 

Sucintas a más no poder, sin embargo y sin duda son leyes porque, nos guste o no, determinan buena parte de nuestro comportamiento, al tiempo que también gobiernan el correcto y más elemental funcionamiento de nuestro hardware o cuerpo. 

Como consecuencia, el software básico y rígido que permanentemente tendremos y tenemos alojado y residente en memoria es justamente aquél que la bio-máquina que en buena parte somos lleve escrito y determinado en nuestro código genético, siendo por supuesto el primerísimo de todo el relativo a esas tres leyes principales enunciadas. 

Claro, no cada día una ha de plantearse una a sí misma si de verdad se es una simple bio-máquina automática o, por el contrario, somos algo más. Pero tranquilas, que no somos replicantes, sino que seguimos siendo nada más y nada menos que las humanas de siempre. Simplemente sucede que nos conocemos a nosotras mismas un poco mejor que en otras épocas, o al menos de eso presumimos.  

Y tampoco albergamos absurdas reticencias o escrúpulos a la hora de auto describirnos porque ¿qué cambiaría en esencia para nadie ni para nada si en realidad fuéramos máquinas "máquinas" de verdad?  

Sigamos, simpáticas presuntas bio-máquinas humanas. 

Frente a la imperativa y avasalladora determinación de las decisiones emanadas de la estricta satisfacción de estas leyes, las humanas tan sólo disponemos de nuestra capacidad racional, que en muchos casos sale triunfadora, sin duda, pero tal victoria ya no es tan fácil cuando con quien se tropieza es con la Segunda Ley, la de la Reproducción, que tiende y tiende a imponerse, y poco suele tener que hacer esta nuestro pobre raciocinio cuando con quien topa es con la Primera Ley, la de la Supervivencia. 

A partir de ahí, parece razonable presumir que lo mejor que se puede intentar hacer para, en la vida cotidiana, evitar esos choques o conflictos de intereses, es hallar las sendas que nos permitan esquivarlos o armonizarlos en la medida de lo posible.

Pues bien, mientras que la Primera Ley, la de la propia supervivencia a toda costa, determina, independientemente del si el individuo es varón o mujer, un comportamiento básicamente bastante similar de los distintos miembros de nuestra especie (y sucediendo también así, en general, en lo que respecta al comportamiento derivado del cumplimiento de la Tercera Ley), esto no ocurre para nada en lo que hace referencia a la segunda y sus territorios de colisión con la primera y la tercera, pues en lo tocante a tal Segunda Ley sí que hay una abismal diferencia de comportamiento en función de que se sea fémina o varón, diferencia que paso a detallar o describir para quien no quiera haberlo entendido aún a día de hoy. 

La Segunda Ley busca, recordémoslo, el éxito reproductivo. Ahora bien, al igual que sucede con las otras dos Leyes, ¿son básicamente coincidentes, o al menos similares, los senderos por los cuales un varón o una mujer en concreto alcanzan el éxito en tal tarea tan vital para la especie? 

Pues me temo que, si analizamos en qué se concreta ese éxito en cada caso, la respuesta a la pregunta planteada es también aquí un rotundo NO, dado que mientras que el camino del éxito reproductivo del varón no estéril pasa indudablemente por acceder sexualmente al mayor número posible de mujeres en edad fértil, el éxito de éstas en tal materia no radica en acceder por esa vía al mayor número posible de varones, sino que, en nuestras compañeras, tal éxito ha radicado, tanto si nos gusta como si no, en su capacidad para sacar adelante a las bebés que hayan ido alumbrando. 

Y difícilmente iba a poder ser de otra manera, a todos los niveles, ya que es un hecho comprobado que, en general y a lo largo del transcurso de los miles de milenios de nuestra andadura como especie sobre este planeta, a los varones (y salvo en lo que congraciarse con ellos les pudiera facilitar el acceso, sexual, por supuesto, a las madres), por lo demás, las bebés les trajeron mayormente sin cuidado, ellos iban a cazar o a explorar, siendo nuestras esforzadas amigas quienes cargaban con las criaturas y, como recolectoras, eran además las que, casi siempre, procuraban el vital sustento alimentario más cotidiano de la comunidad. 

Como consecuencia y como se irá argumentando, el precioso equipamiento genético que se ha visto primado y agraciado con el éxito en el transcurso de ese ser de la Humanidad ha sido, frente a la obsesión masculina por el sexo y el orgasmo, la obsesión femenina por la limpieza y cierta peculiar concepción del orden que no consiste tanto en saber dónde está cada cosa sino, sobre todo, en que estén todas bien agrupadas y no dispersas, para así disponer de más terreno libre para, a su vez y entre otras cosas, poder mejor mantenerlo todo limpio. La Limpieza, SÍ, enseguida se detallará por qué es así.

Naturalmente que en el mayor o menor éxito reproductivo de cada variante o línea genética existente, priman y pesan también otros muchos factores, algunos incluso más determinantes, como por ejemplo la inteligencia, pero lo que no tiene vuelta de hoja es que, a igualdad en el resto de capacidades (ceteris paribus), cuanto más heterosexualmente promiscuo sea un varón diseminará mucho más sus genes y, por tanto, tendrá más descendencia que ese otro igual de inteligente, fuerte, hábil, resolutivo, cariñoso, acogedor, afable, decidido, limpio y todo lo demás igual, pero menos follador que el primero, o más homosexual, o ambas cosas. 

Pues lo mismo sucede en cuanto a la cuestión de la limpieza y las mujeres. A igualdad del resto de condiciones, parece poco discutible que la mujer más limpia, la que supo mantener su entorno libre de suciedad y de bichos, consiguiendo con ello que sus criaturas fueran atacadas por menos enfermedades o alimañas, vio con satisfacción cómo sus hijas iban saliendo adelante mientras las mujeres más sucias lloraban amargamente, una vez tras otra, la irreversible pérdida de sus retoños y, con ellos, la continua merma de posibilidades a la hora de transmitir sus genes en herencia a las futuras generaciones.

Es lo que hay. Racionalmente, no obstante, no ha de haber lugar para perplejidades, abatimientos o precipitadas extrapolaciones, pues lo único que se ha delimitado es que, en nuestros aproximadamente tres millones de años de existencia, la selección natural operada en los humanos lentamente ha primado, entre otros factores y en el trascurso de esos tres mil milenios, a la descendencia masculina más folladora (como si ello fuera poco obvio), y a la descendencia femenina más limpia (y como si ello no fuera tampoco suficientemente obvio)

Así que, por pura selección natural, los unos obsesionados por el sexo y las otras por la limpieza. Ideal escenario como para poder llegar algún día a entenderse, je, je, je... 

Y a diferencia del caso del varón, habremos de convenir que esa clave del éxito reproductivo femenino poco tiene que ver con lo de la sexualidad en sí, y eso cuando tal sexualidad no vino a ser sino un inevitable trago por el que al parecer había que pasar por narices para poder llegar a ser madres, es decir, para mirar de obrar conforme a la Segunda Ley, la de la reproducción y tal. 


...y, de momento, lo vamos a dejar aquí. 
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saludos cordiales. 
ET & forrest gump. 
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diumenge, 3 de febrer de 2013

Nuestro voto para quien responda estas preguntas

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http://george-zouloumis.blogspot.com.es/2011/11/doomsayers.html

  
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Querida lectora o lector: 
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Desde este pasado viernes (bueno, en realidad, ya el jueves hubo valientes que lo hicieron) viene desarrollándose en Barcelona, como en tantas otras ciudades del estado, una acampada en exigencia de la inmediata, fulminante dimisión del actual, corrupto y vergonzante presidente del Gobierno. 

Bien, pues, en ella, he tenido la oportunidad, el placer y la suerte de reencontrarme con una de las personas con las, desde el primer día como quien dice (y después de un fuerte encontronazo inicial, todo se ha de decir) más confianza adquirí desde los inicios, en el 2011, de aquel 15M que me devolvió la vida, y que luego, todo se ha de decir, sufrir me ha hecho sufrir como un poco bastante mucho. 

A lo que iba: esta persona me dio a leer un escrito ante el cual, y a cada línea que leía, mi mente y mis ojos prorrumpieron en destellos de divertida alegría, porque allí estaban reflejadas determinadas cuestiones cruciales relativas a nuestra existencia, pero con un enfoque que, personalmente, jamás habría estado a mi alcance formularlo. 

Así que nada más: aquí está, transcripción literal salvo alguna leve modificación de corte gramatical, lo que en tal ya bastante papel. 
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¿Cómo predecir las realidades alternativas futuras mediante el uso de la tecnología trinaria, y cómo hacer streaming de dichas realidades futuras en nuestra propia realidad actual? 

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¿Cabe la posibilidad de construir ordenadores basados en una estructura "neuronal", con una tecnología de módulos inteligentes, autoconfigurables "inteligentemente", que ayuden al usuario con sus tareas, basándose en la automodulación de sus partes, de forma que se optimice la velocidad y el uso de esas partes, en función de su uso y la necesidad que el usuario tenga de tales módulos o partes, al aprender las necesidades de cada usuario y comunicarse con todos los ordenadores del mundo para encontrar la mejor solución en una inteligencia global a velocidades de un siglo luz por segundo? 

En el caso de que pudiésemos responder a estas preguntas, ¿desde las que algunas personas declaran en una posible realidad alternativa conocerían las respuestas a estas dos preguntas? ¿Por qué razón no lo declararon la primera vez que se les contestó? ¿Existen realidades alternativas en las que las personas puedan responder a todas estas preguntas? 

El hecho de poder predecir el futuro, ¿no alteraría la realidad predicha mediante el proceso predictivo? ¿incluso si podemos prevenir la modificación de la realidad actual futura? 

La tecnología binaria se basa en la existencia o la no existenica, en la presencia o en la ausencia, y entre dejar pasar y no dejar pasar la electricidad, aunque el espacio-tiempo influye claramente en su utilidad y en la rapidez con la que dicha tecnología realiza las tareas para las que ha sido diseñada, bajo la realidad actual y con las limitaciones impuestas basadas en realidades pasadas. 

¿Podría la tecnología trinaria funcionar sin las limitaciones de esas realidades pasadas? ¿Cuestionar la existencia, la presencia, el espacio-tiempo o sus limitaciones presentes? ¿Sería posible crear dicha tecnología, de forma que tales limitaciones pudiesen no solo no ser cuestionadas, sino que la tecnología trinaria funcionase sin dichas limitaciones?  

¿Podría la antimateria ser utilizada en la tecnología trinaria? ¿El descubrimiento del bosón de Gibbs podría ser la clave para que se pudiese manipular la antimateria? 

¿Podría el mero hecho de intentar visualizar el futuro en directo, generar una paradoja en el continuo espacio-tiempo o llegar a rasgar la realidad, creando un agujero espacio-temporal? 

Si la materia ni se crea ni se destruye, solo se reorganiza, ¿cómo explicamos excepciones como los agujeros negros, de gusano o la antimateria y su interacción con la materia? 


El orden, sin caos, ¿no permite la existencia de una realidad? 

¿Sería entonces nuestra realidad caótica, ordenada, o una mezcla de ambas?

¿El caos puede generar orden, y el orden puede generar caos? 

Si el Universo es infinito, ¿el cálculo de posibles realidades futuras será también infinito? ¿Cómo se podría, entonces, predecir las realidades futuras sin cometer errores infinitos? ¿Será el mero hecho de no incluir la totalidad de nuestra realidad en el cálculo de realidades futuras el factor que mine nuestro intento de predecir el futuro? ¿Cómo podríamos incluir la totalidad de datos sobre nuestra realidad en un estudio a tiempo real exacto de realidades futuras? 

¿Hay realmente una frecuencia universal, explicada por la teoría de Fibonacci, que establece la armonía universal? 

¿Es la nanotecnología la verdadera solución para obtener ka totalidad de los datos sobre la completa estructura neuronal de cualquier ser vivo sin dañar su estructura? ¿Se podría guardar un informe de la total realidad neuronal del individuo para replicarla biológica, tecnológica o biotecnológicamente? 

Si enviásemos la realidad neuronal del individuo a través del espacio-tiempo, ¿la realidad resultante sería exactamente la realidad?

Debido a la teoría de que una realidad no puede ser duplicada, aun así, ¿podríamos modificar la realidad del sujeto, replicado en el tiempo, generándole una realidad que no le traumatice? ¿podríamos modificar, al mismo tiempo, la realidad de las personas responsables de su transmutación para que no alteren su percepción de la realidad? 

En el caso de que se abriera la posibilidad de moverse libremente por el espacio y el tiempo, ¿se generaría forzosamente una amalgama de realidades? ¿Cómo podríamos entonces identificar la realidad original de la que partimos en un inicio?  

Después de modificar nuestra realidad primigenia, ¿sería posible regresar al futuro de partida sin que este fuera modificado? 


Bueno, pues ahí queda eso :-) ... 

saludos cordiales. 
ET & forrest gump. 
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motores_antimateria_1.jpg  from http://www.jorge-munnshe.com/tema61.html
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